MANIFESTACIÓN vs. ORACIÓN: el error que muchos están cometiendo
- Miryam Sáez

- 31 ene
- 4 Min. de lectura
Desde hace un tiempo, está de moda una palabra: manifestar. Lo puedes ver por todas partes, en TikTok, en Instagram, en frases motivacionales, en Facebook, en vídeos virales, en YouTube, en libros de autoayuda… Es una práctica cuyo mensaje siempre es el mismo: “Si lo piensas con fuerza, lo atraes a tu vida. Si lo deseas, llega. Si lo visualizas, se cumple. El universo responde a tu energía…”, y un sin fin de ideas de este tipo. Este nuevo concepto de “fe” ha calado, sobre todo en muchos jóvenes, porque es la mejor manera de creer en “algo” ya que es una actitud muy cómoda ante la vida o, como ellos dirían, “sin complicaciones”. Es una “espiritualidad” sin Iglesias, sin comunidad, sin normas, sin sacrificio, sin el “otro”, sin compromiso alguno y lo que es más preocupante… sin Dios.
Y entonces aparece la pregunta inevitable:
¿Es la “manifestación” compatible con ser católico?
¿Manifestar es lo mismo que rezar?
¿O estamos hablando de dos caminos totalmente distintos?

La respuesta es muy clara: no son lo mismo porque parten de una visión completamente opuestas. La persona que se presta a la manifestación parte de una premisa muy peligrosa: el poder está en ti. Tú creas tu realidad y atraes lo que piensas sin importar las consecuencias. Además, el “proceso mental” que es requerido para manifestar (repetición de frases, escritura, uso de imágenes) va dirigido al “universo” como si tuviera la capacidad de una entidad propia. Y en esto hay un problema fundamental. ¿Qué es el Universo exactamente para los que manifiestan? ¿una Galaxia? ¿una piedra? ¿Una “energía” que no se sabe de donde viene ni a donde va? ¿los anillos de Júpiter? ¿o acaso será Plutón? ¡o mejor! ¿Por qué no un combo de todo?… El caso es que ni siquiera hay una “entidad” definida porque en el “universo” cabe absolutamente de todo, algo que me recuerda sospechosamente a la terrible corriente de la New Age. Lo que sí sabemos es que, según ellos, es una fuerza impersonal que responde a tus deseos (dinero, poder, posesiones, control sobre las personas que te rodean, etc.)

Rezar, en cambio, nace de una idea radicalmente distinta: el centro no eres tú, es Dios. La oración no es una técnica para conseguir alcanzar todos nuestros deseos, ni es una herramienta de control y ni mucho menos la oración va dirigida a alguien impersonal, sin identidad. Precisamente en la oración reconoces que no puedes controlarlo todo, y que tu vida no está solo en tus manos sino que Dios también tiene algo que decir. La actitud del orante es muy sencilla. Cuando rezas le estás diciendo a Dios: “Señor, aquí estoy. Estos son mis problemas y mis miedos. Estos son mis sueños. Confío en Ti. Guíame, acompáñame y ayúdame a llevar la Cruz que se presenta en mi vida de mil maneras distintas”.
La manifestación dice: tú eres suficiente, tú eres el creador, tú eres el centro, tú tienes el poder.
El católico dice: no soy suficiente, no soy el Creador, no soy el centro, no tengo el poder de nada.
“El centro no eres tú,
es Dios”
La manifestación es tan atractiva, especialmente para nuestros jóvenes, porque promete recibir todos los regalos que el Mundo te ofrece. Pero esos regalos son regalos envenenados que transforman a la persona, con el tiempo, en esclavo de sus propios deseos. Llama la atención la garantía de gratuidad que tiene esta práctica: no hay cambio profundo, no hay sacrificio, no hay renuncia, no hay normas… solo estás tú, tus deseos y un intermediario que no sabemos si es la hoja de un árbol o qué es. Por lo tanto es una “espiritualidad” centrada en el “yo” muy fácil de consumir y reproducir, que se ha propagado como la espuma y se ha viralizado en redes a niveles preocupantes.
No hay nada de malo aspirar a una vida mejor, de hecho, es hasta sano. Querer avanzar, conseguir nuestros sueños… es algo totalmente humano y compatible con la oración hacia Dios. Pero lo que es incompatible, en primera instancia, es colocar al “yo” en lugar de Dios desposeyéndole de su Categoría de Creador Todopoderoso. Y también lo es, el egoísmo llevado al límite que propone esta práctica, puesto que no importa la tasa que deban pagar otros, con tal de conseguir todos mis deseos. ¿Dónde está la justicia aquí? Si cada ser humano en todos los rincones del mundo practicara la manifestación, daría como resultado un desastre de proporciones titánicas y yo añadiría que a la autodestrucción.
Hoy, 31 de enero de 2026 celebramos la festividad de un gran Santo que dedicó su vida a los niños y jóvenes de su tiempo, San Juan Bosco. En su honor, he querido alertar a niños, jóvenes, responsables, familia, padres, tutores… del peligro de esta práctica. De seguro, él no lo habría permitido en su pequeño oratorio. Es por ello, que el Caballero de la Inmaculada debe estar alerta de lo que sucede a su alrededor y no permanecer impasible ante lo que sucede. La sociedad y las redes nos plantean realidades que pueden ser muy accesibles y tentadoras. Tú, en cambio, reza, no te alejes de los Sacramentos y agarra bien la Mano de nuestra Madre, porque estamos en tiempos difíciles en los que los vientos, venidos de todas partes, pueden hacer que nos perdamos. Esta vía quizás no sea viral, ni sea tan atractiva ni vendible en las redes sociales. Pero es real y sustentada en la Verdad de Dios que es Inmutable.

"El mejor consejo es hacer bien todo lo que podamos
y no esperar recompensas del Mundo,
sino solo de Dios" (San Juan Bosco)
Miryam Sáez
TOTUS TUUS
EGO SUM




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