ANIMA CHRISTI: La Poderosa oración para rezar después de la Comunión que ha transformado almas durante siglos
- Miryam Sáez

- 6 feb
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 8 feb
La oración Anima Christi nació en un tiempo en que la Iglesia vivía un florecimiento enorme de la devoción eucarística. Durante la Edad Media, especialmente entre los siglos XIII y XIV, creció el deseo de los cristianos de permanecer interiormente con Jesús después de recibir la Comunión. Era una época en la que muchos fieles no comulgaban con frecuencia porque no podían, con lo que cada una de ellas era vivida como un acontecimiento hermoso y muy intenso. En ese contexto nacieron oraciones de recogimiento profundo y el Anima Christi se convirtió en una de las más queridas, transmitida en manuscritos y rezada en monasterios, para después extenderla como una plegaria íntima de acción de gracias.

Esta oración es muy apropiada rezarla tras la comunión cuando ya estás de rodillas en tu banco y en profundo recogimiento interior. Esto tiene un sentido espiritual muy bello, porque es la respuesta del alma que no quiere que ese encuentro con Jesús Eucaristía pase rápido. Ese Pan Sagrado, es la Presencia Real de Jesús hecho Alimento, por el cual habita en nosotros de una manera íntima. Y justo ahí, cuando el corazón está más cerca, esta oración se vuelve como el susurro del alma enamorada. Es una manera de prolongar ese silencio sagrado que permite que la Gracia recibida penetre en lo más hondo, hasta abarcar cada recoveco del alma. Para entenderlo un poco mejor, podemos decir que la Comunión es el Abrazo Divino y la oración es la apertura de brazos para recibirlo. La oración es la siguiente:
Ánima Christi
Alma de Cristo, santifícame.
Cuerpo de Cristo, sálvame.
Sangre de Cristo, embriágame.
Agua del Costado de Cristo, lávame.
Pasión de Cristo, confórtame.
¡Oh Buen Jesús, óyeme!
Dentro de tus Llagas, escóndeme.
No permitas que me aparte de Ti.
Del maligno enemigo, defiéndeme.
En la hora de mi muerte, llámame.
Y mándame ir a Ti, para que con tus santos te alabe,
por los siglos de los siglos.
AMÉN.
A lo largo de los siglos, esta oración ha acompañado a muchos santos. Se cuenta, por ejemplo, que San Ignacio de Loyola la rezaba con especial fervor después de comulgar, y que para él era una entrega total, como una forma de esconderse dentro de Cristo cuando la vida se tornaba dura. Y también es conocida la devoción de San Juan Pablo II, tanto por esta oración como por las oraciones eucarísticas tradicionales, y recomendaba a los fieles prolongar la acción de gracias después de la Comunión. Muchos sacerdotes han contado que el Anima Christi ha sido oración de consuelo en hospitales, en lechos de muerte, en momentos de miedo, en circunstancias difíciles… como si la oración hubiese actuado como un refugio seguro.

En el día de hoy, Caballero de la Inmaculada, te invito a rezarla tras tu Comunión para transformar la manera en que vives la Eucaristía. Ella puede marcar la diferencia de ese precioso momento porque invitas a nuestro Señor a que permanezca contigo. No tengas prisa. Tómate tu tiempo y saboréala porque tienes a todo un Dios dentro de tu alma. Quizás sea hermoso llevarla escrita o guardarla en el móvil, e ir aprendiéndola a tu ritmo para que se convierta en tu compañera fiel. Ten en cuenta esto. Mientras oras el Anima Christi le estás diciendo a tu Redentor:
“No quiero solo recibirte,
quiero permanecer contigo”
Y Él como Dios Amoroso, lo hará. No lo dudes.
TOTUS TUUS
EGO SUM
Miryam Sáez




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